Prólogo de un recorrido por Busan

Escribir sobre Busan me resulta súper difícil. Por eso es que tuve que tomarme tanto tiempo para arrancar esta entrada… escribí, borré, volví a escribir y aún así siento que todo lo que pueda decir no le hace justicia. Creo que me cuesta tanto porque esta ciudad estuvo muy ligada a mis sentimientos. Busan fue mi lugar de descanso, esa pequeña joyita escondida en Corea que me ayudó a procesar con su calma y buen humor (¡y arte, hay arte por todos lados!) todo lo que estuve pasando durante esos días. Una parte de mi no quiere contarles nada sobre Busan, asi sigue siendo mi secreto. Pero voy a dejar de ser egoísta y compartirles sobre mi favorita de Corea hasta el momento.

20160611_081353.png

La primera foto que tomé de Songdo, apenas me levanté a la mañana siguiente de llegar. ¡Un sueño!

Fueron los 10 días más intensos de mi vida, yendo y viniendo por Seúl y Jeju, hasta que llegué a Busan. Me pasó DE TODO. Desde entrar en pánico por no encontrar el hostel y terminar haciendo una llamada mitad en inglés y mitad en coreano (¡nunca hablé coreano tan fluído!) hasta ser rescatada por un caballero andante en el Mc Donals cuando me dio un reseteo cerebral y no sabía cómo usar una tarjeta de crédito en el autoservicio, por la zona del BIFF Square. Demasiada tecnologia para un cerebro sobrecargado de estímulos.

BIFF Square Busan

BIFF Square, uno de los puntos más importantes de la ciudad. Ya les contaré de qué se trata.

Ah, Busan. Gracias por tantas risas y buenos momentos. Fuiste un lugar extraño, completamente ajeno a mí pero tan acogedor. Ya forma parte de mis ciudades favoritas y una en la cual estaría dispuesta a pasar un buen tiempo.

Lo único malo de Busan fue que llegué en la temporada de lluvias. Punto. Eso es todo lo malo que puedo decir de Busan. No me sentí enajenada como en Jeju, o abrumada como en Seúl. (¡Ojo! ¡Ambas me encantaron!) Tal vez sea el estar tan cerca de la playa que los hace más relajados y amigables.

Si tengo que decir otra contra, las escaleras por todos lados son un poco molestas también… ¡estoy en cero estado físico! Pero bueno, fueron la excusa perfecta para tonificar las piernas 😛

40 Step Tourism and Culture Street Busan

Las escaleras de Busan no son una broma. Hablo en serio. ¡Hagamos una campaña para que pongan escaleras mecánicas por toda la ciudad!

En fin… En este nuevo capítulo les voy a ir contando de a poco qué es lo que hice en Busan y cómo llegar. En los 5 días que pasé me alojé en Songdo, en un hostel enfrente de la playa. ¡La mejor decisión que pude tomar! Nada mejor que bajar al café o a una de las convenience stores y comer algo mientras observaba el mar. Una vista privilegiada que hizo que disfrute más el viaje. Lo mejor de todo, Songdo no es tan popular como Haeundae, por lo que hay muchísima menos gente y uno se puede tirar al sol tranquilamente sin molestar a nadie.

 

songdo beach.png

La bellísima Songdo de noche, vista desde uno de mis cafés favoritos.

En resumen, si quieren conocer una ciudad llena de vida pero relajada, con arte en cada rincón y naturaleza a la vuelta de la esquina, no pueden dejar de visitar Busan. ¡Se van a enamorar!

 

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