Lo que me dejaron mis abuelos

(este es un ejercicio que hice para el grupo “Los escribidores”, donde una vez al mes nos juntamos para escribir con una temática en común. Si quieren saber más sobre el grupo pueden hacer click acá)

La suerte hizo que no pudiera conocerlos. A ninguno de los 4.

De lo que sé, mi abuela materna falleció cuando mi mamá era muy chiquita y nos dejó la herencia del asma. De mi abuelo materno no sé nada, solo que nos dejó un apellido en teoría aristocrático y hasta ahí llegamos.

De mis abuelos paternos tuve la bendición de conocer su historia de primera mano, a través de sus familiares. Muy poquito sé a través de mi papá y mis tíos, quienes dicen que el abuelo no era de hablar mucho, pero sí me dejaron una herencia pesada que llevo en la sangre.

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Mi abuela me dejó el amor por las filloas, esas que tienen un toque especial, y que papá dice que hago como ella. Me dejó el amor por la música gallega y el hacer comida para 25 aunque seamos dos. El abuelo me dejó en la sangre el amor por la patria gallega y por supuesto lo que más valoro, el espíritu aventurero.

 

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Filloas. ¡Deberían considerarse patrimonio cultural!

 

Como dice mi papá: “Si mi viejo se vino a Argentina para tener un futuro mejor, por qué vos no podrías irte también a buscar el tuyo?” El abuelo se vino de joven, escapando de la guerra (ya había estado en una y dijo basta) y llegó acá a un nuevo país donde se tuvo que adaptar a todo y lo logró. Yo creo que tengo esa resiliencia de mis abuelos, capaces de adaptarse a otro lugar completamente distinto y salir adelante.

 

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Paisaje desde la casa de la infancia de mi abuelo, hórreo incluído.

 

Mi abuelo falleció de tristeza. Falleció al tiempo que murió mi abuela, víctima del cáncer (el cual sigue tan pegado a la familia que da miedo). Falleció quedándose con las ganas de volver a Galicia, nos enteramos luego por la familia de allá. Lamentablemente no pude conocer a ninguno, pero sus historias quedaron grabadas dentro de nuestra familia, en ambos lados del océano que nos separa. Porque solo eso nos separa, un océano, el amor sigue presente a pesar del tiempo.

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Ese mar que nos separa, solo físicamente

Doy gracias a mis abuelos por  haber tomado la decisión de venir a Argentina, de haber creado la familia en la que vivo y por haberme dejado tan hermosas historias y cosas lindas en la sangre. Como dicen mis viejos, en mi casa nunca sobraron las cosas pero “estudiar, todo lo que quieras” Gracias a mis abuelos que le inculcaron a mis padres que la familia tiene que permanecer unida, con sus idas y vueltas, subidas y bajadas. Gracias por inculcarme el amor a mi segunda tierra, Galicia. Gracias por heredarme el espíritu aventurero. No los conocí, pero su recuerdo y el cariño quedará siempre grabado dentro de mi corazón.

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