Reflexión: Mientras me quedo acá, quiero ser… de los que ayudan.

Hace tiempo que quiero escribir sobre este tema y no sé como encararlo. Varias cosas se me vienen a la mente, pero hace poco tuve una experiencia que me parece buena para compartir, en este caso se trata de los idiomas.

Si hay algo que destaco de mí misma es la facilidad que tengo con los idiomas. Los podré querer más o menos, pero dentro de todo aprendo bastante rápido. Un ejemplo es el inglés, sin haberlo estudiado nunca pero teniendo contacto desde pequeña lo puedo hablar. (no sé si perfectamente, pero definitivamente con mi nivel me puedo defender). La fascinación por aprenderlos me llegó hace 10 años, cuando conocí una banda finlandesa que me dejó encantada con su idioma. Desde ahí, intenté aprenderlo por mi cuenta pero más allá de los colores y los números no llegué (las ganas de aprender finlandés aún están latentes). Desde hace cuatro años estudio japonés, empecé por curiosidad y ahora amo estudiarlo. Estuve estudiando coreano, idioma que también me gusta mucho pero por falta de tiempo no pude seguir conociendo.

Se preguntarán, ¿para qué te sirve aprender todos estos idiomas que no habla ni Magoya? y yo respondo: la verdad, no sé. Pero sigo, intento avanzar, sé que algún día me servirán para algo, no por algo tengo tanto amor por ellos. Y ese día en donde se me arrojó un poco de luz, en el que me servirían para algo llegó esta semana.

Este jueves tuve la oportunidad de ayudar a una chica coreana que se presentó en mi trabajo con un problema. La chica hablaba bien inglés pero no sé si por falta de voluntad o qué, mis compañeros no podían entender qué era lo que necesitaba… en el medio de la frustración de la chica y un compañero que me vino a avisar para ver si podía hacer algo por ella, salí. Le aclaré a mi compañero que de coreano la verdad no hablaba mucho, solo estudié por poco tiempo pero si podía hacer algo lo iba a intentar. (La verdad, me dio miedo de quedar como una tonta o como una cuadrada hablando, pero después lo pensé bien y no hay que tener miedo al ridículo, especialmente si es para ayudar a alguien). Me presenté en inglés y le pregunté en qué podía ayudarla. Mi compañero al segundo larga un: “She speaks Korean!” y los ojos de la chica se iluminaron. Tuve que aclararle en mi horrible coreano que no entendía muy bien pero en ese momento parecía no importar. La felicidad, el alivio y la sorpresa de encontrar alguien que hable tu mismo idioma, aunque sea un poquito, creo que fueron más fuertes. La chica me explicó todo su problema en coreano de una forma clara y sencilla para que pudiera entender (que entendí, para mí fue un milagro, por dentro pensaba “¡estoy entendiendo!”) y al final pude ayudarla con mi lenguaje rudimentario. La felicidad que sentimos ambas, mi adrenalina, su alivio, fueron una experiencia increíble. Desde ese momento me decidí a estudiar con más fuerza, poniéndole garra, ya que comprendí para qué me llamaban la atención. Para ser esa aguja en el pajar, el alivio de alguien que necesita una respuesta en un lugar completamente desconocido donde no pueden hablar el idioma local y se encuentra completamente perdido.

Muchas veces pensé en la alegría y la felicidad que me trajo encontrarme gente buena en mi camino mientras viajaba, y la frustración y la impotencia que me sucedieron cuando me encontré gente irónica sin deseos de ayudar… Desde españoles que hablaban en mi idioma, pasando por franceses que se reían o se hacían los desentendidos hablando en el idioma que les hable (París hasta el día de hoy me sigue siendo una experiencia traumática, jajaja) hasta holandeses que no entendiendo muy bien se pararon en el camino y se tomaron el tiempo de ayudarme de todas formas. Aprendí que quiero ser una de esas personas que ayudan, de tomarme el tiempo e intentar como pueda sin temor de quedar como una ridícula. Ya pasé por la experiencia de estar perdida en un país que no conozco con un idioma que no entiendo, y si puedo facilitarle a alguien la experiencia, lo intentaré.

Reflexionando, creo que es una de las cosas que podría profundizar mientras me quedo quieta sin viajar. Quisiera encontrar la forma de relacionarme un poco más para conocer y compartir experiencias, de practicar idioma y no quedarme quieta mientras preparo un próximo viaje. Últimamente estoy pensando mucho sobre eso, quedarme quieta. ¿Será quedarme quieta permanecer en un mismo lugar? ¿O puedo no oxidarme mientras me mantengo acá? Esa también es una de las preguntas que me hago mientras decido el próximo paso a dar. Espero que las respuestas me lleguen pronto, mientras tanto iré descubriendo partes de mí que pensaba que no tenía.

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