Un reencuentro familiar con sabor gallego en Murcia

Todo lo que tengo que decir… no tiene que ver con la geografía del lugar. Pero les voy a poner imágenes que tomé en Murcia por si se aburren. Sólo estuvimos un día en estas dos ciudades, fuimos a San Javier pero dormimos en San Pedro del Pinatar. No sé bien cómo explicar todo lo que sucedió en un solo día, en unas escasas horas.

 

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De camino a Murcia… ¿Será que estamos en Andalucía? jajaja

Cuando llegamos a San Pedro decidimos descansar un rato, disfrutar de la vista (teníamos la manga del Mar Menor delante de nuestros ojos… es un espectáculo para la vista, un mar celeste y transparente como nunca habíamos visto) y luego salir a lo que habíamos ido… a realizar un reencuentro (más bien un primer encuentro) familiar. Fuimos a conocer a una prima hermana de mi papá, quien había conocido a mi abuelo y con quien se había escrito durante mucho tiempo hasta que él falleció. Hoy tiene 80 años y vive en un convento en San Javier.

 

 

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La vista desde el balcón de mi hotel, que por fortuna era el primero de los balcones, ¡por lo que tenía una terraza completa con este paisaje solo para mi!

Como no teníamos el teléfono, solo una dirección que conseguimos gracias a la tecnología y gracias a que la ciudad es pequeña y se conocen todos (jajaja) llegamos sin previo aviso. Cuando preguntamos por ella, y les dijimos que la buscaban unos primos de Argentina, casi se infarta todo el mundo. ¡Qué revuelo se armo! mi papá diciendo que le avisen despacio a su prima por las dudas, jajaja. Fue un momento hermoso. Tanto amor encerrado en una mirada, tanta añoranza, tantos años escribiéndose por cartas y finalmente se veían a la cara. A esto, A ESTO los había traído y hubiera querido que este momento durara para siempre, no un par de horas, pero no siempre se puede tener lo que se quiere… lo importante es que ambos se van a quedar sin remordimientos, sin el “que hubiera pasado si…” No. Se vieron. Se conocieron y se pudieron dar ese abrazo y ese beso guardado para después durante años.

 

Ya creo que conté esto, pero mi abuelo siempre tuvo el anhelo de volver a su tierra querida, de volver a su Galicia natal antes de morir. (cuento todo esto con lágrimas en los ojos). Mi papá y mis tíos nunca supieron ese deseo, y murió sin haber vuelto. Cuando me enteré de esto la primera vez que fui, decidí que a mi papá no le iba a pasar lo mismo, que él iba a conocer a sus primos antes de que se arrepienta de no poder ir. Y acá estábamos, haciendo tantos kilómetros primero desde Buenos Aires hasta Santiago y luego otros tantos hasta Murcia para conocer a nuestra familia, nuestras raíces. Tengo que decir que nunca sentí tanto amor fuera de mi familia cercana acá en Buenos Aires. Con la familia de España pareciera que nos conociéramos de siempre, esa calidez, el nerviosismo que nos agarró cuando dijimos que sí, que nos íbamos a conocer, toda esa ilusión y la felicidad de haberlo logrado, se sienten. Y se siente tan reconfortante haber sido un factor para que todo eso sucediera, porque una vez me animé a saltar el océano y a buscar un poco más de mis raíces.

Estuvimos hablando largo rato, que de los primos de Santiago, que de los primos de Buenos Aires, de los de La Rioja, los de Mar del Plata, los de Junín, los de Barcelona… todo entre mimos y el “niña come más, mira te traigo un poco más de pasteles” tan de abuela que que me marcó el alma. Pude conocer también a una monja que se encuentra con la prima de mi papá, que me contó que conoció en persona a mis abuelos cuando estuvo en Buenos Aires. Tan buenos ellos, tan hospitalarios, según labios de ella. Me dijo que si alguna vez volvía y ella todavía se encontraba allí, me iba a contar toda la historia. Espero poder volver y escuchar la historia entera, me encantaría.

Al día siguiente aprovechamos a caminar un poco por San Pedro antes de partir ya hacia tierras granadinas. Gracias a Dios nos tocó un día azul y cálido, se notaba que la primavera estaba a la vuelta de la esquina. Pasamos un hermoso momento en estas ciudades, me gustaría tener la oportunidad de volver y recorrerlas más a fondo, disfrutando de las playas y ese hermoso mar que nos trajo tanta emoción y alegría a nuestras vidas.

 

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Paseando por la playa antes de partir

 

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y, por supuesto, no podía perder la oportunidad de meter los pies dentro de este mar.. que aunque el día estaba cálido… ¡el agua estaba congelada!

 

 

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