Amsterdam Parte 1: De países bajos, viajes en tren y hospitalidad holandesa

Al fin terminamos con Francia para darle paso a una de las ciudades que más me gustaron: Ámsterdam.

Muy tempranito nos tomamos el tren que nos iba a llevar a Holanda. ¡Un tren bala enorme! Tuvimos que caminar un par de minutos hasta llegar a nuestros asientos… Y a pesar de estar en segunda clase, es uno de los trenes más cómodos en los que me haya subido en mi vida. Con tan solo decir que tenía enchufes, y que pude mantener cargados mi teléfono y las pilas de la cámara al mismo tiempo, es poco decir. Muy bien cuidado, sin palabras. Solamente lo superó el tren bala portugués, pero ya les contaré esa historia más adelante.

Salimos de Francia en el tren bala y nos dirigimos primero hacia Bélgica, Luego Luxemburgo y finalmente… Ámsterdam, Holanda. Ya solo con pisar la estación sentía como uno de mis sueños se hacía realidad. (Lista de prioridades: Japón, Finlandia y Holanda. Se me cumplió la tercera, ¡es un avance!) Dejamos las cosas en unos locker en la misma Estación Central (son muy cómodos, salen aproximadamente 7 euros por día los grandes, si mal no recuerdo. Se pagan con tarjeta de crédito en la misma maquinola y te entrega un ticket, que al escanearlo te abre el locker donde están tus cosas. Toda una ciencia. ¡Me arrepiento de no haberle tomado fotos!)

Apenas salimos de la estación central, tomamos un mapa y tratamos de ver dónde cuerno estábamos y cómo llegar al hotel. Así perdidos como estábamos un señor que estaba ahí como de orientador se acercó a nosotros y nos preguntó a dónde queríamos ir, y nos indicó en su inglés maravillosamente entendible (¡Gracias, señor orientador!) ahí mismo nos indicó para dónde estaban los canales, dónde estaba la zona roja, el centro de la ciudad y nos advirtió que como al día siguiente era el día de la reina, tengamos cuidado porque muchos transportes no funcionaban (Una vez más gracias, ¿Ya le dije cuánto lo quiero?)

En fin, salimos de la estación central y… El paisaje más maravilloso se abrió ante mis ojos. ¡ESTO era lo que yo esperaba de mi viaje por Europa! Las casitas alpinas, los colores amarronados, las veredas sin un solo papelito en el piso, ¡Hasta lo nublado del cielo! Me sentía como caminando por una pintura, una locura, tenía ganas de llorar… Era lo que había estado esperando ver hace años, y ahí estaba, frente a mí.

 

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Vista de Àmsterdam desde los canales. ¡Preciosa!

 

Caminamos por algunos pasillitos del centro y nos dispusimos a desayunar en una cafetería pequeñita… ¡Allí probé el mejor jamón de mi vida! Mi mamá me sigue preguntando qué tiene de especial, y yo todavía no puedo describirlo, nunca había comido una cosa así… Les juro que no es solamente mi perspectiva y mi entusiasmo con esta ciudad en particular. Ese jamón estaba bueno y punto. ¡Y tengo testigos!

Dimos un par más de vueltas por la ciudad y luego nos tomamos el bus 5 que nos dejaría en el hotel. Los buses allá son lo que acá llamamos trolebuses… ¡son buses eléctricos! Ok, estoy enamorándome cada día más de esta ciudad.

 

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Buses eléctricos o bicis, todo intenta ser lo más sustentable posible.

 

Los buses (o trams) tienen una tarjeta, que puede ser de tres tipos: tarjeta por un viaje (3,20€) pase por 24 hrs (7€, muy conveniente si planeás usarlo durante el día, ya que te ahorra bastante dinero) y luego la OV Chipkaart,una tarjeta al estilo SUBE donde podés cargarle dinero y viajar hasta lo que te alcance (creo que el boleto con estas chipkaart salía mas barato). Todas las tarjetas tienen un chip dentro, y hay que activarlas al subir al tram y también pasarlas cuando te bajás. Honestamente, no sé que pasa si te bajás y no la pasás por el lector, solo lo hice con la de un viaje así que… me quedaré con la duda. Supongo que te la debe inhabilitar o algo. Dentro del tram, te van marcando las estaciones y nunca me olvidaré de la voz del señor que decía “volgende statioon: waastraacht (por dar un ejemplo), please remember to check out.” ¡Creo que tantas veces escuché eso que nunca jamás me iba a olvidar de hacer check out!

 

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Casitas… creo que son las que más tomaron en el día de la Reina… ¿Por qué tan torcidas? jajajaja

 

El primer día no hicimos demasiadas cosas, nos dedicamos más que nada a pasear por la ciudad, a reirnos de los incontables restaurants de comida argentina (y cenar en una parrilla uruguaya, por supuesto) curiosear los smartshops (ya hablaré de eso más adelante, ¡fue una experiencia divertida!), probar la cerveza blanca y disfrutar de un recital al aire libre con mucha cerveza.

Si, ya sé, hoy no puse casi nada de fotos… a no desesperarse, ¡pronto muchas más! En la segunda entrega de Amsterdam les contaremos un poco sobre el cumpleaños de la reina y la opinión de la gente al saber que éramos argentinos. ¡No se lo pierdan!

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